Las rosas de 'El Jubileo de la Porciúncula'

10/04/2018
En estos días hemos tenido que despedir a la exposición ‘Murillo y los Capuchinos de Sevilla’ que, con motivo del Año Murillo, ha estado hasta el domingo 1 de abril en el Museo de Bellas Artes convirtiéndose en la muestra más visitada de la historia de la pinacoteca. En esa exposición hemos podido contemplar –tras su préstamo por Colonia y restauración en Sevilla- el imponente ‘El jubileo de la Porciúncula’. Era el cuadro principal del retablo de los Capuchinos de la Ronda que encargaron a Murillo. Si nos fijamos (aunque la exposición haya terminado, el cuadro seguirá en Sevilla unos años más), en la parte inferior y sobre los escalones, a San Francisco lo rodean una serie de perfectas rosas maravillosamente pintadas.

En ellas se encuentra la explicación al, a priori, extraño nombre del cuadro. Nos referimos a una escena de la vida de San Francisco de Asís, cuando se encontraba en el jardincillo que rodeaba a una pequeña capilla de piedra donde el santo se encontraba cómodo –hoy sobre ella se levanta la Capilla de Santa María de los Ángeles de Asís-. Dicen que en los jardines que la rodean, sintió el santo la tentación, y para evitarla se arrojó a un zarzal. Milagrosamente, cuando iba a caer sobre él, las zarzas se transformaron en un mar de suaves rosas sin espinas. De hecho, allí sigue creciendo una especie de rosa que no tiene espinas: la Rosa Canina Assisiensis. Murillo decidió representarlas como símbolo milagrosa de la intercesión de Dios por el santo.

También vemos una rosa a los pies del Niño Jesús que hemos podido ver en la ‘Santa Rosa de Lima’ de Murillo que hemos visto en la exposición de ‘Murillo y su estela’ en el Espacio Santa Clara. Allí, simbolizando el nombre de la propia santa, se acompaña con la frase que la monja recibió de Cristo: “Rosa de mi corazón, yo te quiero por esposa”.

Localización

Cardenal Bueno Monreal 18. 41013, Sevilla.SEVILLA, España